¡Abre tus fauces sepulcro! Y deléitate con mi carne.
bebe mi sangre cual niño bebe los pechos de la madre.
¡y limpia tus dientes con mis huesos astillados!.
¡Cúbrete con mi piel cansada, y usa mi cabello como estandarte y trofeo.
¡Proclama tu victoria sobre mí!.
¡Aúlla sobre mis restos cual fiera despiadada!, Y échate a dormir.
Digiere cada pedazo de mi cuerpo convirtiéndolo en excremento,
y expulsa todo aquello que fui.
Sirva yo como abono para la tierra de la que fui tomado,
para que tu te ensalces por haberme derribado.
Destrozado como res en matadero.
¿Ahora que hay de ti? Has cumplido la misión para la que fuiste creado?.
Un guerrero mata a otro guerrero y este es muerto por otro,
y la cadena continúa hasta el infinito.
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